Atrévete a Ahorrar cambiando tus Hábitos


Ahorrar es una práctica cada vez menos frecuente en el mundo actual.  Ya que, es el consumo voraz de diferente bienes y servicios ofrecidos en el mercado lo que se hace tendencia entre consumidores.

No debería, pues, extrañar tanto que el hábito del ahorro se vea como una especie de remanente de un tiempo anterior de abuelitas con alcancía en manos, tomando en consideración que la percepción que del dinero se tiene en la actualidad, acaso influenciado por las políticas económicas dominantes; es que debe circular constantemente. O sea, que el flujo de capitales no debe parar y que los excedentes deben ser puestos nuevamente en circulación a través de inversiones osadas, buscando siempre la maximización del capital, de la ganancia, de la renta.

Tanto es así, que no es curioso conseguir que, sean precisamente, las personas entradas ya en años las que soliciten abrir cuentas de ahorros en una entidad bancaria. Y ello porque, acaso las dos últimas generaciones sean las que más han asimilado e internalizado la idea de que el gasto prima antes que el ahorro.

Siempre hay peces que tratan de nadar contracorriente. Esto también aplica a las finanzas, pues, siempre habrá quienes quieran ahorrar, pero que quizás no saben muy bien cómo hacerlo, tomando en cuenta que, es la economía especulativa la que más incide en el comportamiento financiero mundial, en la actualidad.

Lo que recomiendan los entendidos en materia de finanzas, es que las personas que quieran ahorrar deben cambiar de hábitos; esto es, cambiar de estilo de vida. De hecho, tal cambio conlleva ganancias para la persona, para el ahorrador, en la medida en que priorice y jerarquice sus gastos.

En línea con lo anterior, el caso de la comida, por ejemplo, debe ser revisado en cuanto a los gastos que les genera, si realmente quiere ahorrar. Pues, será necesario ciertas restricciones como comer en menos en restaurantes e incluso, hacer de la comida doméstica uno de sus mejores aliados del bolsillo.

Asimismo, los gastos que le genera el vehículo –que al calcularlos anualmente le sorprendería saber la cantidad exacta– podrían reducirse a medida que cambie su dependencia con él; minimizando así la posibilidad de desgastar algún repuesto mecánico o, las ruedas, o pagos por horas de estacionamiento.

De igual modo, hábitos de entretenimiento pueden modificarse como salidas a lugares al aire libre, lecturas, yoga o actividades afines, que no se reducen al consumo de bienes.

Vemos entonces, que ahorrar implica pequeños sacrificios. A fin de cuentas, la economía es la ciencia de las escasez.


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