Un grupo en WhatsApp de profesores con insultos a alumnos y padres hace estallar la polémica


El pasado jueves la localidad de Casarrubuelos en Madrid, de apenas 3400 habitantes y un sólo colegio público, despertó indignada. En sus buzones se había repartido de forma anónima una carta de cinco folios con extractos de un chat en WhatsApp integrado por los profesores y profesoras del centro escolar en el que algunos de ellos manifestaban graves insultos, muchos de ellos de corte racista, contra alumnos, padres y madres.

Los hechos ya han sido denunciados ante la Guardia Civil por el alcalde y concejal de educación del municipio por miedo a que esta situación pueda “agitar y caldear los ánimos” sin embargo, la realidad es que la Inspección Educativa de la Comunidad de Madrid ya tenía conocimiento de todo ello gracias a la denuncia que un anterior maestro del centro, Iñaki López, quien denunció tanto a la directora del centro como a otros compañeros por acoso laboral, interpuso a inicios del mes de marzo ante esta institución y que fue acompañada por un extracto completo de esta conversación de grupo. Un mes más tarde, y debido a que la Inspección aún espera respuesta legal sobre si puede o no investigar en un chat privado, alguien, de forma anónima, ha tomado la iniciativa.

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Las declaraciones de la vergüenza

Según las informaciones que se han filtrado, el grupo de WhatsApp pudo ser abierto por la directora del centro, Nieves Cobos, con la supuesta idea de mantener el contacto entre profesores. Integrado por 20 profesionales del centro, diez de ellos participan en toda una serie de vergonzosas declaraciones que han despertado la indignación de todo el municipio.

En la carta distribuida anónimamente por los buzones de la localidad, una profesora califica a los marroquíes como “hijo putas” en respuesta a otra que afirma que “ningún moro es bueno”. También hay insultos para alumnos, padres, madres e incluso compañeros concretos del centro. Una maestra se refiere a un alumno como “el niño guarro que está siempre castigado en el recreo” y otra, dice de una de sus compañeras de trabajo que “es tonta… más que un bocao en la polla”.

En medio de estos comentarios, hay quien incluso se permite el lujo de dar lecciones de educación en términos más propios de hace cincuenta años: “más vale una hostia a tiempo que cien lecciones de pedagogía”.

Por lo visto, ya ha habido en este centro, al menos, una denuncia de una madre contra una profesora por maltrato a su hijo, a la que la docente define como “la zorra”, no sin antes señalar como si de una conversación entre poligoneros disfrutando de un botellón se tratase, que el alcalde posee cierta “grabaciones de ella con los hijos que flipas”.

Iñaki López, el denunciante al que antes hemos hecho mención, también aparece en una de las conversaciones aunque él no formaba parte de este grupo de WhatsApp; en una conversación entre dos maestras, una de ellas señala: “¡Dejádmela como al Iñaki y me la cargo en un trimestre!”, lo que podría confirma el acoso laboral que este docente ya denunció en el pasado.

La reacción

Ante esta gravísima situación, los padres y madres de los alumnos se concentraron ayer a las puertas del Colegio Tomé y Orgaz exigiendo justicia y responsabilidades hasta que “se proteja el honor de los menores y sus familias”; algunos incluso se niegan a llevar a sus hijos al centro mientras su directora, Nieves Cobos, permanezca en él quien, por cierto, ha recurrido al manido argumento de que se trata de recortes sacados de contexto que la sitúan en una conversación en la que no participó, según declaró al diario El País.

Es evidente que en el Colegio Tomé y Orgaz algo ocurre, que ocurre desde hace tiempo, y que hay responsabilidades que deben ser depuradas de inmediato.

La directora del despacho de Abogados Portaley, especializados en delitos que se comenten en Internet, Noelia García comenta sobre el caso:

hacer públicas las conversaciones de whatsapp podría constituir un delito de descubrimiento y revelación de secretos del artículo 197 del C.P, al vulnerar la intimidad de los participantes en las mismas. Otra cuestión distinta es la de analizar las consecuencias legales que pudieran sufrir quienes han participado en dichas conversaciones, dado que las mismas pueden ser consideradas como injuriosas y xenófobas.


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